Olfateando el destino

En algún lugar lei que el olfato es uno de los principales y mas antiguos precursores de la memoria, es decir, un aroma puede despertar recuerdos de la infancia y algún aroma perdurar en nuestra memoria hasta el día de nuestra muerte. Por esta razón la nariz es un poderoso órgano que como cualquier otro sentido, esta sujeto a ser complacido, y a pesar de su importancia, me sorprende que no hayan grandes avances tecnológicos hoy día que nos permitan estimular al máximo la nariz. Ojalá los hubieran, tal vez revolucionarían nuestro mundo.

Menciono esto porque el otro día, al subir al avión alcance a percibir un aroma que me remonto a mi infancia. De pequeño tuve la fortuna de viajar en avión y para un pequeño servidor, ese avión, el viaje y todo, junto con los aromas, fueron recuerdos que se me grabaron vívidamente.

Como me gustaría poder enlatar el aroma de ese avión, como un perfume remezclarlo y en 2 o 3 olfateadas recrear aquel viaje que hice de pequeño a Caracas.

Hoy solo recuerdo eso, algunos aromas, algunas fotos viejas, un juguete, la arena. Y en esencia creo que es «ese» recuerdo que conecta el pasado con el presente, lo que transforma nuestras vidas, dando plenitud en nuestro respirar y amplitud en nuestras observaciones cotidianas.

Para mi es importante no solo salir de mi casa para respirar aire fresco, es necesario cambiar completamente de país para respirar algo diferente. Tal vez sea un defecto o un mal inherente a tener una nariz grande, ya que siempre estoy olfateando lo bueno, aquello que se esconde a simple vista.

Me imagino que soy como los cerdos que descubren trufas en el campo. Encontrar tesoros es altamente satisfactorio. Encierra la pureza de lo inmaculado, la belleza de la novedad y la sorpresa.

Recuerdo que mis padres odiaban que oliera la comida, como cuando usan el dicho, no metas la nariz donde no te llaman. Pues a mi lo bueno me llama y si huele rico, que mejor. Nací ávido de curiosidad y si de aromas se trata, espero algún día regresar a Florencia, donde los aromas son otro mundo. Pizzas, flores, y perfumes. Casi una experiencia sustraída del libro de Patrick Süskind «El Perfume».

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